
En circunstancias normales, en tiempos de Héctor Cúper, el Real Betis habría vuelto de Pucela con una derrota en el zurrón. Por ser peor que su rival. Por ver la meta rival desde la distancia. Eso habría sido lo normal no hace demasiadas semanas. Pero como el fútbol no entiende de lógicas, ni mucho menos es una ciencia exacta, los hombres de Paco Chaparro sumaron un punto que tiene su peso en oro. ¿Suerte? Nada de eso. No porque sirva para que los de las trece barras acaben 2007 fuera de la zona de descenso, porque para ello tendrían que haber derrotado a los de José Luis Mendilíbar. Pero ayuda a consolidar un bloque que mejora con el paso de los días. Siguen los profesionales verdiblancos echando de menos argumentos de calidad para superar a sus contrarios, pero ahora son más equipo que con el argentino. Una máquina cada vez más y mejor engrasada. El preparador de Triana ha recuperado para la causa a José Mari, que suple con trabajo y muchas ganas su mal estado de forma. También a Rivera. Se ha encontrado con un portero muy solvente, tanto como Ricardo. Juanito y Rivas vuelven a ser esa pareja de centrales sólida e insuperable para los atacantes rivales. Y Arzu le da al mediocampo una salida del balón que ni el mejor Somoza sería capaz dar. No es que ahora este conjunto sea la reencarnación del Milan de Sacchi, pero invita al optimismo. Termina 2007 entre los tres últimos, pero acumula tres semanas sin conocer la derrota. Siete de los últimos nueve puntos en juego. Sin duda, la mejor medicina para encarar el derbi ante el eterno rival con la moral por las nubes. El Día de Reyes. El mejor momento para decirle adiós a los puestos de descenso.
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