
Ahora que comienzan a bajar las aguas turbias por Heliópolis, con cruce de mensajes entre el que manda (Manuel Ruiz de Lopera) y uno de sus empleados más cualificados (Héctor Cúper), tan directos como innecesarios a estas alturas de la película, se hace más que necesario que el Real Betis Balompié sume los tres puntos en juego ante Osasuna dentro de unas horas. Para lo que parece una coyuntura pasajera no se convierta en un cuerpo a cuerpo entre el máximo accionista y el entrenador. Con las consecuencias negativas que tiene toda guerra de estas características. Para un equipo que no atraviesa por su mejor momento. Por ello, para evitar males mayores, tanto los que estaban como los que llegaron el pasado estío están obligados a derrotar a un conjunto que la pasada campaña pudo mandarlo al pozo de la Segunda división a poco que no hubieran ganado al Racing en la capital de la Montaña. Un partido con obligaciones, donde está cantado que el preparador argentino apueste por un once distinto al del sábado. Variaciones motivadas por las bajas (como sucede con la de Rivas). Variaciones que tienen su origen en el mal encuentro de alguno de los que actuaron en San Mamés. Odonkor podría ser de la partida. Como Mark González. Está claro que los de las trece barras necesitan velocidad. Y los anteriores, entre otras virtudes, la tienen. Ahora falta que desequilibren y los atacantes tenga el día ante el elenco rojillo. Si todos estos factores funcionan, como diría Caparrós, el beticismo militante podrá ser optimismo. Lo dicho. Ganen para que las aguas vuelvan a su cause.
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